CABEZA, CORAZÓN Y MANOS: UNA RECTORÍA CON SELLO HUMANISTA 

Hay trayectorias profesionales que pueden contarse como una sucesión de responsabilidades y cargos, y otras cuyo hilo conductor está marcado por una convicción profunda. En el caso de Alejandro Guevara Sanginés, rector de la IBERO Puebla, esa convicción surgió incluso antes de su paso por las aulas universitarias. Durante un año dedicado a labores de alfabetización en una comunidad campesina maya de Chiapas, conoció de cerca el contraste entre una enorme riqueza natural y condiciones de profunda pobreza material. Aquella experiencia influyó en su decisión de formarse como economista y terminó por definir su manera de entender la educación como una herramienta capaz de transformar la realidad social.

DE LA ECONOMÍA A LA EDUCACIÓN 

Guevara Sanginés estudió Economía en el ITAM y posteriormente realizó una maestría en desarrollo económico en Inglaterra, un doctorado en Economía en la Universidad Autónoma de Madrid y una maestría en políticas públicas en la Universidad de California en Berkeley. Su relación con la enseñanza comenzó desde muy temprano: trabajó como maestro rural, dio clases de matemáticas en secundaria para adultos y se incorporó a la docencia incluso antes de terminar sus estudios de licenciatura. 

Esa vocación académica se fortaleció a lo largo de 27 años en la IBERO Ciudad de México, institución en la que se desempeñó como académico de tiempo completo, director del Departamento de Economía, director de la División de Estudios Sociales y vicerrector académico. Su incorporación a la IBERO Puebla representa así la continuidad de una trayectoria construida entre la enseñanza, la investigación y la gestión universitaria. 

UNA RECTORÍA DE VOCACIÓN HUMANISTA 

En un escenario educativo caracterizado por una creciente competencia, Guevara Sanginés identifica el principal distintivo de la IBERO en su tradición jesuita y en una propuesta de formación integral. Su visión se organiza a partir de cuatro cualidades fundamentales: competencia, conciencia, compasión y compromiso. Desde su perspectiva, la preparación técnica y profesional resulta insuficiente si no conduce también a comprender la realidad, reconocer las necesidades del entorno y actuar para transformarlo. 

Su periodo al frente de la rectoría fue concebido inicialmente para cuatro años, con la posibilidad de ampliarse dos más. La lógica de este modelo institucional busca ofrecer un plazo suficiente para desarrollar proyectos, consolidar cambios y abrir nuevas líneas de trabajo, evitando al mismo tiempo que los cargos directivos se prolonguen al grado de perder capacidad de renovación. 

ORGANIZAR LA ESPERANZA 

Una de las ideas que mejor resume su visión como rector es la de “organizar la esperanza”, concepto que retoma de una reflexión del papa Francisco. Guevara Sanginés lo lleva al terreno educativo mediante una fórmula concreta: cabeza, corazón y manos. 

Esto supone desarrollar las capacidades intelectuales, generar sensibilidad frente a las necesidades de los demás y convertir esa conciencia en acciones capaces de producir cambios. 

Para el rector, esta articulación responde a varios de los desafíos que enfrentan actualmente los jóvenes. En ese contexto, la universidad debe ser un espacio que ofrezca acompañamiento, propósito y experiencias mediante las cuales los estudiantes puedan involucrarse de manera directa con los problemas de su entorno. 

Un ejemplo se encuentra en la materia de síntesis y evaluación, en la que los alumnos reúnen distintas competencias para responder a situaciones reales. Guevara Sanginés menciona, entre otros proyectos, el desarrollo de una prótesis biónica destinada a un joven que perdió un brazo, iniciativa en la que confluyeron conocimientos de ingeniería biomédica, inteligencia artificial y mecánica. 

INNOVACIÓN CON RESULTADOS CONCRETOS 

Esta visión interdisciplinaria tiene una de sus manifestaciones más visibles en el IDIT, espacio que el rector describe como el Fab Lab más grande de América Latina. Ahí conviven impresoras 3D, brazos robóticos y distintas herramientas tecnológicas que permiten desarrollar proyectos entre varias áreas del conocimiento. La idea que sostiene este modelo es clara: los problemas del mundo empresarial, social y público difícilmente pueden resolverse desde los límites de una sola disciplina. 

La misma perspectiva se extiende a la estrategia ambiental de la universidad. La IBERO Puebla utiliza al máximo su capacidad instalada de paneles solares, promueve el reúso del agua, incorpora materiales reutilizables y realiza investigación vinculada con la recuperación del río Atoyac. Estas acciones han llevado a la institución a participar en el ranking internacional GreenMetric y de esta forma, obtener el reconocimiento como la universidad privada más sustentable de México. 

A este enfoque se suma una oferta de estudios de posgrado en campos como negocios, ingeniería, analítica de datos, derecho empresarial y educación. La intención de fondo es preparar profesionales que no solo dominen su propio ámbito de conocimiento, sino que también sean capaces de colaborar con otras disciplinas y transformar ese aprendizaje en respuestas concretas a distintos problemas. 

Más que limitarse a la administración de una institución educativa, Alejandro Guevara Sanginés plantea una rectoría que busca conectar conocimiento, sensibilidad y capacidad de acción. Su propuesta concibe a la universidad no solamente a partir de aquello que enseña dentro de las aulas, sino también por el impacto que sus estudiantes, investigaciones y proyectos pueden generar en la sociedad