fbpx

En Puebla, pocas marcas gastronómicas han logrado Miguel Iñigo entiende ese valor con intuición social, disciplina operativa y lectura de oportunidad. Desde Grupo Áttico, el empresario no solo administra restaurantes: construye experiencias donde la vista, la hospitalidad y el momento correcto se vuelven parte del negocio.

UNA VOCACIÓN MARCADA POR LA GENTE

Director operativo y cofundador de Grupo Áttico, además de consejero nacional de Canirac, Miguel llega al sector restaurantero desde una ruta que no inicia formalmente en la cocina, sino en las relaciones humanas. Su formación transita del derecho a la ciencia política, dos campos que le permiten mirar las organizaciones con estrategia.

Esa base se cruza con una historia familiar ligada a la gastronomía: su madre es chef y su padre tuvo pizzerías. A ello se suma una cercanía temprana con bares y restaurantes, primero como socio minoritario al salir de la preparatoria y después con participaciones más activas en Puebla. Con el tiempo, el negocio deja de ser una actividad paralela y se convierte en el eje de su carrera.

Antes de consolidar la marca, Iñigo participa en franquicias, impulsa el restaurante francés Le Coq Bleu y abre la mezcalería Reina Madre. En esos proyectos fortalece una habilidad que hoy define su liderazgo: conectar operación, marketing y relaciones públicas para darle personalidad a cada concepto.

DEL ZÓCALO A UNA MARCA CON IDENTIDAD

La historia de la organización comienza a tomar forma con La Porfi, abierta el 2 de diciembre de 2016. En ese momento, Iñigo trabaja en la Ciudad de México, en San Lázaro, pero una oportunidad en el Zócalo poblano lo trae de regreso. La decisión marca un giro definitivo: deja atrás la ruta institucional para apostar por el corazón comercial y turístico de Puebla.

El siguiente paso nace de una amistad empresarial y de una lectura rápida del espacio. Tras un viaje por Europa, Miguel y Rodrigo Lezama encuentran potencial en una azotea frente a la Catedral. El proyecto no resulta sencillo: ambos son jóvenes, hay otros interesados en el lugar y el reto exige convencer, estructurar y ejecutar. Sin embargo, logran abrir Áttico 303 Centro, una unidad reconocida por su vista directa a uno de los símbolos más importantes de la ciudad.

RESISTIR, AJUSTAR Y VOLVER A CRECER

La pandemia pone a prueba la estructura del grupo. Antes de ese periodo, Iñigo y sus socios ya habían explorado distintos proyectos, entre ellos una cafetería saludable, una cafetería en un hospital y una terraza en Cholula. La crisis obliga a reducir la operación y regresar a las unidades más sólidas: La Porfi y Áttico 303 Centro.

Lejos de quedarse en repliegue, la organización identifica nuevas oportunidades cuando el mercado empieza a reactivarse. En 2021, la recuperación les permite tomar espacios que en otro contexto habrían sido menos accesibles.

Así llegan conceptos como Saborcito Corazón, en la 3 Oriente; la mezcalería Perros del Mal, y Cantina Centro, en el Zócalo.

ELEMENTA: EL RETO DE OPERAR EN LAS ALTURAS

La expansión responde a una demanda concreta. Turistas, clientes frecuentes y organizadores de eventos piden una versión más cercana a la zona moderna de Puebla. Miguel y sus socios buscan durante alrededor de año y medio en distintas azoteas hasta encontrar Elementa, con la idea de desarrollar un sky bar en Angelópolis. Montar Áttico 303 Elementa representa uno de los mayores retos operativos en la trayectoria de Iñigo.

El restaurante se instala en un piso 20, sobre una terraza abierta que debe adaptarse para funcionar como espacio gastronómico. El viento condiciona estructura, extracción, humo, techumbre y cortinas. Incluso se requiere una tela especial traída de Francia para resolver necesidades técnicas de las cortinas exteriores.

La apertura confirma que una buena idea no basta. El proyecto exige ingeniería, paciencia y correcciones sucesivas. A dos años de operación, Elementa se mantiene firme como extensión del ADN de la marca: altura, vista, coctelería, cocina mexicana e internacional, y una experiencia diseñada para quienes buscan un momento especial.

VENDER EXPERIENCIAS, NO SOLO MESAS

El atractivo del grupo también se mide en las historias que ocurren dentro de sus restaurantes. Entre Áttico Centro y Elementa, las propuestas de matrimonio superan los tres dígitos, con al menos una al mes. También han recibido eventos poco convencionales, como una boda civil de extranjeros en el centro.

En lo gastronómico, Miguel identifica fortalezas claras: la mixología ocupa un papel central y la cocina evoluciona entre lo mexicano y lo internacional. Entre sus referencias personales aparecen el tiradito, las mollejas con guacamole y el pastel de elote. No obstante, el verdadero diferenciador está en la experiencia completa: vista, ambiente, bebida, servicio y conversación.

Hoy, sus restaurantes se ubican en Puebla, entre el municipio capital y San Andrés Cholula. Pero la mirada de Iñigo apunta más lejos: contempla que el próximo Áttico pueda abrir fuera del estado.