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Muere David Hockney: el pop británico pierde a su gran cronista visual 

Exploró desde la Polaroid hasta el iPad para reinventar su mirada artística.

David Hockney, una de las firmas decisivas del arte contemporáneo británico, murió en Londres a los 88 años. Su equipo confirmó el deceso de este creador que convirtió piscinas, paisajes y retratos en emblemas de una época. Durante décadas defendió una idea simple pero poderosa: mirar el mundo con curiosidad podía ser una forma de alegría.

Del norte inglés a Los Ángeles

Nacido en Bradford en 1937, creció en una familia trabajadora y se formó en el Royal College of Art, donde pronto destacó por su carácter inconforme. En los años 60 dejó atrás la rigidez de la vanguardia abstracta y apostó por imágenes figurativas, de color intenso y trazo limpio. Su salto a Los Ángeles lo llevó a una etapa decisiva: piscinas, cuerpos masculinos, sol y libertad sexual definieron obras hoy inseparables del arte pop.

Tecnología, ambición y legado

Hockney nunca trató la innovación como un adorno. Usó Polaroids, fotocollages, fax y luego iPad para ampliar perspectivas y registrar estaciones, retratos y escenas domésticas. Su obra alcanzó cifras récord en subasta y museos como la Tate, el Pompidou y grandes instituciones estadounidenses lo celebraron. Incluso tras un ictus en 2012, siguió produciendo con disciplina y optimismo, convencido de que el arte debía transmitir placer. Su nombre también quedó ligado a una ética de trabajo inagotable y a una celebridad poco afectada.

Con su muerte desaparece una figura central de la posguerra británica, pero queda una obra que enlaza modernidad, intimidad y experimentación. Su influencia seguirá visible en la pintura, la imagen digital y la manera de entender el color como experiencia compartida.