LA CIUDAD COMO ESCAPARATE
La innovación no siempre aparece en laboratorios ni en al observar una ciudad saturada de estímulos y descubrir que aún existen espacios sin conquistar. Desde esa lectura nace TechRide, una empresa que transforma vehículos de plataforma en soportes publicitarios dinámicos y propone una nueva manera de entender la comunicación exterior en Puebla.

Detrás del proyecto están Rodrigo Madrazo, CEO yccofundador, y José Antonio López Malo, cofundador y director de expansión, dos perfiles jóvenes que llegan desde rutas académicas distintas, pero coinciden en una misma convicción: los negocios con visión tecnológica todavía tienen mucho terreno por abrir en México. Mientras uno se forma en Administración de Empresas y mantiene un interés claro por la innovación y el crecimiento, el otro estudia Derecho, ejerce en despachos y después reconoce que su lugar está en el emprendimiento y la construcción de nuevos modelos de negocio.
UNA IDEA QUE DETECTA EL VACÍO CORRECTO
El origen de TechRide parte de una observación simple, pero estratégica: la movilidad urbana genera un flujo constante de atención que pocas marcas están aprovechando con inteligencia. Con esa premisa, la empresa diseña un esquema de publicidad sobre vehículos de plataforma mediante pantallas LED instaladas en la parte superior de los automóviles, visibles desde ambos lados y pensadas para acompañar el movimiento cotidiano de la ciudad.
Antes de llegar a ese formato, el equipo explora una primera versión con pantallas colocadas en el interior de los autos, dirigidas a los pasajeros.
Sin embargo, la experiencia les permite entender que el crecimiento que buscan y el nivel de exposición que demandan las marcas exige otra escala. Ahí surge la decisión de migrar hacia un modelo exterior con mayor visibilidad, más alcance y una presencia urbana mucho más agresiva en términos comerciales.
La apuesta no es menor. Los fundadores identifican que, frente a una pantalla fija o un espectacular tradicional, un vehículo en circulación ofrece una ventaja difícil de replicar: el mensaje no espera al consumidor, va a su encuentro. Recorre avenidas, zonas comerciales, corredores de alta densidad y puntos de tráfico intenso. En otras palabras, la publicidad se vuelve móvil, ubicua y persistentemente visible.
DISEÑAR PARA MÉXICO, NO SOLO IMPORTAR TECNOLOGÍA
Una parte decisiva del proyecto ocurre fuera del país. Para desarrollar el producto, los emprendedores viajan a Shenzhen, China, ciudad a la que identifican como un referente global en tecnología, y ahí encuentran proveedores capaces de diseñar junto con ellos un modelo adaptado a las condiciones reales del mercado mexicano. No se trata solo de traer una pantalla, sino de construir una solución viable para un entorno complejo.
Ese proceso obliga a considerar variables muy concretas: inseguridad, lluvia, baches, señal de internet, granizo, ceniza y desgaste por operación continua. El resultado, según la entrevista, es un producto resistente, aerodinámico, con iluminación inteligente que se adapta al ambiente, sin afectar el vehículo ni comprometer su funcionamiento cotidiano. Esa capacidad de tropicalizar la tecnología explica en buena parte por qué TechRide logra avanzar en un terreno donde otros intentos no prosperan.
Actualmente, la empresa cuenta con 12 pantallas activas en Puebla, una base que consideran sólida para comenzar a escalar. Aunque el despliegue exterior arranca tras una prueba piloto de seis a siete meses, los fundadores señalan que el comportamiento del mercado confirma el potencial del producto: cuando los clientes ven las pantallas en operación, entienden con claridad el valor diferencial de la propuesta.
DE LA NOVEDAD AL MODELO DE NEGOCIO
TechRide no vende solo visibilidad; vende cobertura, flexibilidad y medición. Su paquete principal, denominado Full Coverage, integra presencia en las 12 pantallas que hoy circulan por Puebla. A ello se suma una modalidad de caravana, que permite concentrar varias unidades en una zona y horario específicos para reforzar el impacto en eventos, inauguraciones o momentos estratégicos de tráfico.
Uno de los elementos más atractivos del modelo es su capacidad de personalización. Gracias a un software desarrollado por la propia empresa, los anuncios pueden cambiar según geolocalización, horario, clima o número de reproducciones. Esto abre posibilidades poco comunes en la publicidad exterior tradicional: una marca puede activar mensajes distintos por zona, modificar promociones según el día o ajustar la campaña a contextos muy específicos.
Además, TechRide ofrece métricas semanales o mensuales con mapas de calor, zonas de circulación, días, horarios y niveles de reproducción, lo que fortalece la conversación con los clientes desde una lógica más cercana al rendimiento que a la simple intuición publicitaria. En un mercado donde las marcas exigen cada vez más evidencia sobre el alcance de sus inversiones, esta capa tecnológica se convierte en una ventaja competitiva real.
LA AMBICIÓN DE VOLVERSE INEVITABLE
La meta de los cofundadores no es discreta. Quieren que en Puebla estas pantallas se conviertan en una presencia cotidiana, casi imposible de ignorar. Para finales de este año proyectan llegar a 50 pantallas en la ciudad, y para 2027 aspiran a escalar a 100 unidades, una cifra que consideran cercana al punto ideal para consolidar cobertura. Después, el siguiente objetivo es Monterrey, antes de pensar en plazas como Ciudad de México, Guadalajara o Querétaro.
La visión empresarial también parte de una condición de pioneros. En la entrevista, los fundadores sostienen que hoy Puebla es el primer mercado del país donde este modelo se implementa de forma real y operativa, después de intentos fallidos de otros jugadores. Eso les da una ventaja inicial, pero también les impone una responsabilidad: construir estándares, resolver la operación diaria y convertir una idea innovadora en una categoría sostenible.
TechRide todavía está en etapa de expansión, pero ya proyecta una narrativa que resulta especialmente valiosa en el ecosistema empresarial: la de una empresa que no se conforma con replicar formatos existentes, sino que interpreta el movimiento urbano como un activo económico. En tiempos donde captar atención es uno de los recursos más costosos del mercado, convertir cada trayecto en una oportunidad comercial parece menos una ocurrencia creativa y más una lectura inteligente del presente.
