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Cuba y Rusia anuncian farmacéutica binacional con enfoque oncológico

La alianza ya integra medicamentos aprobados y empleados en diversas áreas terapéuticas.

Cuba y Rusia abrieron una nueva etapa de cooperación sanitaria con la creación de su primera empresa mixta biofarmacéutica. El proyecto, vinculado a BioCubaFarma y a iniciativas tecnológicas rusas, busca acelerar medicamentos innovadores, compartir conocimiento científico y avanzar en terapias relacionadas con padecimientos complejos, incluidos tratamientos oncológicos, desde una agenda bilateral.

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Cooperación científica con base industrial

El anuncio fue realizado por Eulogio Pimentel, vicepresidente primero de BioCubaFarma, y coloca al sector biotecnológico como eje de la relación bilateral. La empresa operará en colaboración con startups desarrolladas dentro de Skólkovo, una plataforma considerada clave para la innovación tecnológica en Rusia. Su alcance no se limita a investigación: también apunta a producción, transferencia técnica y desarrollo de soluciones médicas. Para ambos países, el acuerdo representa una vía para conectar experiencia farmacéutica cubana con capacidades tecnológicas rusas en un campo estratégico para sistemas de salud y desarrollo sanitario.

Medicamentos registrados y nuevos programas

La colaboración ya cuenta con productos registrados y utilizados en distintos tratamientos. La lista incluye Heberprot-P, usado para tratar lesiones asociadas al pie diabético; Hebermin, una crema indicada para heridas por quemaduras; CIMAvax-EGF, desarrollada como vacuna terapéutica para cáncer de pulmón; y Jusvinza, utilizado ante inflamaciones severas. También destaca HEBERSaVax, un programa enfocado en el seguimiento de terapias oncológicas. La agenda conjunta refuerza el peso de la biotecnología dentro de la salud pública, sobre todo en áreas donde la innovación puede ampliar alternativas clínicas y cooperación científica sostenida regional.


El avance abre una ruta de cooperación con posibles efectos más allá de Cuba y Rusia. Si los proyectos logran escalar, podrían fortalecer cadenas científicas, ampliar la disponibilidad de terapias especializadas y convertir la alianza biofarmacéutica en un modelo de colaboración sanitaria internacional.