LA RECETA FINANCIERA
En la competitiva escena gastronómica de Puebla, existen la ciudad. Rodrigo Lezama, director administrativo y cofundador de Grupo Áttico, es uno de ellos. Su historia no es la de un chef que buscaba la receta perfecta, sino la de un estratega que entendió que, detrás de una gran terraza y un platillo excepcional, debe existir una estructura empresarial sólida capaz de resistir las tormentas más severas.

Lezama, abogado de formación por la Universidad Iberoamericana, decidió desde temprano que su camino no estaría en los juzgados, sino en la creación de negocios propios. Aunque ejerció el derecho durante un periodo en Veracruz junto a un magistrado, su verdadera vocación lo llamó de vuelta a Puebla para integrarse al mundo del entretenimiento nocturno. Sin embargo, la volatilidad de los bares y antros, donde la lealtad del cliente es efímera y depende meramente de la moda del consumo de alcohol, lo llevó a buscar un modelo de negocio más estable: la industria restaurantera.
CIMENTANDO UN IMPERIO DESDE LA ALTURA
La génesis de Grupo Áttico surgió de una visión compartida con su socio Miguel. La idea nació de una simple fotografía de una terraza en el centro de Puebla y un acuerdo claro de división de roles: Lezama se encargaría del blindaje administrativo, los contratos y la viabilidad financiera, mientras su socio gestionaría la operación gastronómica.
Lo que comenzó como un pequeño espacio de apenas ocho mesas en el tercer piso del edificio 303, hoy se ha consolidado como un grupo de siete restaurantes y un centro de distribución (SEDIS) estratégicamente ubicado.
Esta infraestructura no es casualidad; responde a la necesidad de profesionalizar áreas clave como recursos humanos, contabilidad y marketing, permitiendo obtener márgenes competitivos que los negocios individuales difícilmente pueden alcanzar.
LA RESILIENCIA COMO MOTOR DE INVERSIÓN
La trayectoria de Rodrigo Lezama está marcada por la capacidad de adaptación. Durante la crisis sanitaria, cuando la incertidumbre paralizó a la industria, Lezama aplicó su disciplina administrativa para mantener a flote al grupo. Gracias a la gestión de caja y flujo, lograron sostener las nóminas hasta el último momento. Fue precisamente en ese periodo de caos donde Lezama expandió sus horizontes hacia el mundo de las inversiones bursátiles.
Su incursión en la bolsa no fue un pasatiempo, sino un emprendimiento más. Tras estudiar profundamente y analizar activos de empresas como Royal Caribbean, Lezama se convirtió en miembro exclusivo de MicroCapClub en Estados Unidos, donde analiza tesis de inversión para empresas de pequeña capitalización. Esta dualidad entre el restaurantero y el inversionista ha creado una simbiosis única: su mentalidad de inversor mejora la gestión de sus negocios, mientras que su experiencia operativa le permite detectar mejores oportunidades en el mercado de valores.
LA CIENCIA DE LA HOSPITALIDAD Y EL RIGOR OPERATIVO
Para Rodrigo Lezama, la gestión de un grupo de esta magnitud trasciende la simple supervisión de una cocina. El verdadero desafío reside en la naturaleza cíclica y caprichosa del flujo de efectivo en el sector. A diferencia de otras industrias con ingresos lineales, los restaurantes dependen de factores externos tan impredecibles como el clima; una tarde lluviosa o un descenso brusco de temperatura pueden impactar directamente en la afluencia de comensales, especialmente en un modelo que ha hecho de las terrazas su estandarte principal. Esta vulnerabilidad ha llevado a Lezama a implementar una disciplina financiera rigurosa. En Grupo Áttico se provisionan gastos semanalmente, se planifican inventarios con antelación y se gestionan las vacaciones de acuerdo con las temporadas bajas previstas tras nueve años de historial operativo. Esta visión preventiva fue el salvavidas que permitió al grupo sobrevivir a los meses de cierre, operando únicamente para eventos privados y apoyándose en una caja bien administrada.
INNOVACIÓN Y EL FACTOR HUMANO
Entendiendo que muchos emprendedores fracasan por falta de orden, Lezama lanzó recientemente “ROS”, un sistema operativo diseñado para restauranteros. Esta herramienta busca ser la guía definitiva para gestionar contratos, márgenes de alimentos y reportes de pérdidas y ganancias, profesionalizando una industria que a menudo se deja llevar solo por el instinto culinario.
No obstante, Lezama reconoce que el restaurante es complejo debido al componente humano. A diferencia de un doctor que conoce a sus pacientes, el restaurantero se enfrenta diariamente a diferentes personalidades y estados de ánimo. Por ello, enfatiza la importancia de que el equipo sepa “leer” al cliente desde su llegada para transformar cualquier malestar previo en una experiencia positiva a través de la hospitalidad.
Con la mirada puesta en la expansión hacia la Ciudad de México y la celebración de hitos como el noveno aniversario de Áttico Centro y el segundo de Elementa, Rodrigo Lezama continúa redefiniendo el sector. Su enfoque es claro: la hospitalidad es el alma del negocio, pero la administración es el esqueleto que le permite mantenerse en pie.
