La informalidad, el desafío que está frenando el potencial económico de puebla
Mercado laboral en México se ha concentrado en una sola pregunta: ¿se están generando empleos? Sin embargo, los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI nos obligan a plantear una pregunta distinta y mucho más importante: ¿qué tipo de empleos estamos generando?

Los datos son contundentes. En el primer trimestre de 2026, México alcanzó una población ocupada de 59.6 millones de personas y una tasa de desempleo de apenas 2.6%, una de las más bajas de los últimos años. A primera vista, pareciera que el mercado laboral mexicano atraviesa un momento favorable.
Pero cuando observamos con mayor profundidad, emerge una realidad que debe preocuparnos a todos: la informalidad laboral continúa creciendo y hoy alcanza al 54.8% de la población ocupada. Esto significa que 32.6 millones de mexicanos trabajan sin acceso pleno a seguridad social, protección laboral o mecanismos formales de desarrollo económico.
LA SITUACIÓN EN PUEBLA ES AÚN MÁS PREOCUPANTE
Nuestro estado registra una tasa de informalidad laboral de 70.9%, muy por encima del promedio nacional. Dicho de otra manera: siete de cada diez trabajadores poblanos se encuentran en condicionesde informalidad. Esta cifra coloca a Puebla entre las entidades con mayores desafíos estructurales del país y refleja una realidad que no podemos seguir normalizando.
La informalidad no es únicamente un problema estadístico. Es una barrera para el crecimiento económico, para la productividad y para el bienestar de millones de familias.
Cuando una persona trabaja en la informalidad, generalmente tiene menores ingresos, menos acceso a financiamiento, nula protección ante riesgos laborales y pocas posibilidades de construir un patrimonio a largo plazo. Cuando una empresa opera en la informalidad, enfrenta limitaciones para crecer, acceder a mercados más amplios, integrarse a cadenas de valor y elevar su productividad. Y cuando la informalidad domina una economía, la recaudación disminuye, la inversión se limita y la competitividad se debilita.
Los resultados de la ENOE también muestran otro dato que debe encender las alertas. Puebla ocupa el segundo lugar nacional en condiciones críticas de ocupación, con una tasa de 46.2%, muy por encima del promedio nacional de 38.8%. Esto significa que casi la mitad de los trabajadores poblanos enfrentan problemas relacionados con ingresos insuficientes,jornadas laborales excesivas o empleo precario.
En contraste, Puebla registra una tasa de desocupación de apenas 1.8%, una de las más bajas del país. Esto confirma que el problema no es la falta de trabajo. El problema es la calidad del trabajo.
Por ello, la discusión pública debe evolucionar. Ya no basta con hablar de generación de empleo; debemos hablar de formalización, productividad y bienestar laboral.
Desde el sector empresarial reconocemos que una parte importante de esta responsabilidad nos corresponde. Debemos impulsar procesos de formalización, fortalecer la capacitación de nuestros colaboradores, elevar la productividad de nuestras empresas y generar empleos cada vez más competitivos. La formalidad no debe verse como una carga administrativa, sino como una inversión en crecimiento, estabilidad y desarrollo.
Pero también es indispensable una acción decidida desde el ámbito gubernamental.
Formalizar una economía donde siete de cada diez trabajadores operan en la informalidad requiere políticas públicas integrales. Necesitamos simplificación regulatoria, incentivos para la incorporación a la formalidad, acceso al financiamiento para micro y pequeñas empresas, fortalecimiento del Estado de derecho y una estrategia que facilite la transición de miles de unidades económicas hacia esquemas productivos más competitivos.
Asimismo, es fundamental fortalecer la vinculación entre educación y mercado laboral. Puebla cuenta con universidades, institutos tecnológicos y centros de formación de gran calidad. Debemos aprovechar ese talento para impulsar sectores de mayor valor agregado que permitan generar empleos mejor remunerados y con mayores oportunidades de desarrollo.
La informalidad no es un problema exclusivo del gobierno ni exclusivamente de las empresas. Es un desafío compartido que limita la capacidad de crecimiento de toda la sociedad.
Puebla tiene las condiciones para consolidarse como uno de los motores económicos más importantes del país. Pero para lograrlo debemos asumir con seriedad una realidad que los datos nos muestran con claridad: no habrá desarrollo económico sostenible mientras la mayoría de nuestros trabajadores permanezcan en la informalidad.
La verdadera competitividad no se construye únicamente atrayendo inversiones. Se construye generando empleos formales, productivos y dignos. Ese debe ser el gran objetivo de Puebla para los próximos años.
